La Sima de las Cotorras: oquedad con tintes rupestres

Por Jorge Castañeda Lunar

Localizada a 42 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, se muestra imponente una de las bellezas naturales y sin precedente en la región, dicen algunos que parece el ojo de un gran cíclope, otros, que es un hundimiento de la selva, pero de lo que no hay duda alguna es que La Sima de las Cotorras es una cavidad que se abre al exterior mediante un pozo y que se muestra habitada por una extensa y variada vegetación.

Camino a esta gran oquedad, se pueden observar desde parvadas de atemorizantes y negros “zopilotes rey” hasta víboras que intentan cruzar de un lado hacia el otro de la carretera. La fauna en sí…

La Sima de las Cotorras, que ya de entrada supone una cuestión gramatical de si es Sima o Cima, es una profundidad que invita a ser descubierta, a descenderla y maravillarse por su esplendor, por su gran pared de rocas, piedras o lajas grises, blancas, ocres.

Y, sí, volviendo al tema gramatical es Sima, porque se escribe con “s”, lo que indica que hay que bajar, descender. Si fuera Cima habría que subir.

De hecho, cuando uno llega a esta maravilla natural, el gran hueco profundo deja ver, al fondo, un bosque donde habitan innumerables cotorras verdes, las cuales, todos los días al amanecer, vuelan en espiral hacia el exterior, por lo que si se quiere presenciar este espectáculo se debe madrugar, o bien, esperar su regreso por la tarde. La fecha ideal para contemplar este espectáculo aviario es de marzo a octubre.

Para llegar a la Sima, en la Ribera Piedra Parada, hay que transitar por una carretera de terracería que se toma en la vía Ocozocuautla-Ocuilapa. El rumbo es cariñosamente conocido como Coitia, que en zoque quiere decir “lugar de conejos“.

Este sitio es parte de la “Biósfera Selva El Ocote”, que en conjunto con Los Chimalapas (en Oaxaca) y Uxpanapa (Veracruz) constituyen la segunda selva tropical de importancia en México —y posiblemente de Mesoamérica— por su tamaño, diversidad biológica y relevancia ecológica-geológica.

Turismo extremo

La Sima de las Cotorras, en Ocozocoautla, Chiapas, se avista majestuosa y durante esta época está rodeada de un aire gélido que traspasa la ropa hasta llegar a los huesos, por lo que se recomienda abrigarse bien, ya que la idea es practicar rapel (un descenso en paredes verticales) o realizar el recorrido perimetral; una caminata a más de 60 metros de profundidad alrededor de inmensas paredes rocosas que guardan vestigios de pinturas rupestres.

Llama la atención, descubrir que esta oquedad tiene unas manos que nuestros antepasados dejaron plasmadas con pintura orgánica color roja extraída de la chinchilla, así como una media luna porque si bien la Sima de las Cotorras no es la mas grande, lo que la hace especial son, precisamente, las pinturas rupestres que hicieron los zoques y las cotorras verdes que todos los días entran y salen.

Vivir la experiencia de bajar a esta sima —que tiene una profundidad de 140 metros y un diámetro de 160 metros— es impresionante, ya que al estar dentro de hundimiento natural hace que la adrenalina aflore y la atención se centre para no resbalar o caer.

¿Es seguro bajar a este sitio? Totalmente, ya que para poder disfrutar al máximo esta experiencia, los guías te proporcionan un casco, un arnés, y, durante el camino se crea una “línea de vida” (un cable de acero que lo detiene a uno en caso de perder el piso), con lo cual se inicia una caminata llena de emoción y de expectación.

Durante el descenso, los guías dan las instrucciones y señalan los sitios en donde se encuentran las pinturas, no sin dejar de recordarle a uno permanecer agarrado de la línea de vida. Para no paralizarse y continuar el camino, se debe disfrutar el paisaje y fijar la mirada en el fondo del abismo porque puede dar vértigo, ese miedo a las alturas y ¡cómo no! Si la vista es impresionante…

Y es que, al estar allí, uno se siente pequeño en esa inmensidad, pero también grande por el atrevimiento —aunque no todo el mundo se anima—. Se escucha el silencio con el movimiento de los árboles que se miran en el abismo…

¿Y cómo se sale de la oquedad? A diferencia del camino que hay que recorrer para llegar a ella, en el interior de esta falla natural hay unas escaleras que llevan a uno al lugar de partida: el restaurante.

La administración de este destino turístico está en manos de la Sociedad Cooperativa Tzamanguimo, la cual está constituida por los pobladores para atraer al turismo de aventura y que, atinadamente fue incluido por el Buró de Turismo de Tuxtla Gutiérrez, en conjunto con la Asociación de Hoteles y Moteles.

Ya los sabes, Notiexpos y Congresos te recomienda visitar Chiapas en tus próximas vacaciones.

* Jorge Castañeda Lunar, director de la revista Notiexpos y Congresos.

Comentarios: